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Sur Profundo II

Joaquín Ipinza

Escucha la música aquí: https://youtu.be/s8Bws7BbgT0

                       

   

 

 

 

 

 

 

 

XXXI INVOLUCIÓN

 

 

El tiempo fue borrando las huellas, la gran sinfonía se fue apagando, los ojos alguna vez tan abiertos se fueron cerrando.

Todo se fue tornando opaco y sin vida, y la humanidad se fue encerrando en sus cubos grises.

Las mentes intentaban mantenerse ocupadas para no caer en el vacio del espíritu, pero la disyunción entre la humanidad y la matriz de años universal llevaba a las personas a tener extrañas aficiones, como seres en cortocircuito tratando de entenderse desde el error sistemático.

 

Y todo plagado se absurdas costumbres y dogmas, que llevaban a no entender la diversidad de lo natural y las culturas que he habían adaptado a esa diversidad durante milenios.

 

Se desvalorizó entre otras cosas el delicado entramado creado durante millones de años hasta llegar a la era cenozoica, máxima expresión de complejidad del universo, en cuyo seno el humano fue creado.

 

Poco y nada queda ya de esa dorada era, salvo en algunos lejanos confines.

La mayoría del planeta ahora está cubierto de cemento o cultivos. Lo que antes era una prístina cápsula de vida al cabo de muy pocos años, producto de la destrucción de los bosques verdaderos y la quema del veneno negro, se ha tornado opaca y yerma.

 

 

 

CAPITULO XXXII EL SUEÑO DE JUAN SEBASTIAN

 

 

Siento como vuelven a mis millones de estrellas, que invaden de azul cada célula, cada átomo de mi ser.

 

Mi piel se transforma en aire, elevándome hacia el cielo, acompañado por el rocío de la noche.

 

Todo queda atrás, el ruido de la ciudad parece un lejano sueño, y sin temor dejo lo construido para entrar a lo creado.

Los astros brillan más cerca, el anochecer de los ojos amanece en el día del alma, y arribo a lo alto, donde están las nubes, y un fuerte viento norte me lleva con ellas hacia el SUR...

 

Bajo mis cientos de lagos reflejan la luz de la luna llena, y unas imponentes montañas y luminosos volcanes me hacen mantener un seguro viaje.

Entonces llego a la cumbre más alta, y con un ímpetu poderoso, estallan mil rayos, todo se cristaliza y caigo convertido en infinitos diamantes de agua sobre un lecho blanco.

 

Lentamente comienzo a bajar la pendiente mientras aparece un sol que logra romper mi frío reposo, convirtiéndome lentamente en un arroyo, uniéndome a muchas otras aguas, transformándome en un gran torrente,

sumergiéndome en lo profundo de una sombría selva, siendo absorbido por las raíces de los árboles, entendiendo por fin la milenaria conciencia de los bosques, con millones de seres que forman parte de mí, aves ,insectos helechos, pequeños mamíferos, alcanzando de pronto la conciencia universal, como  innumerables bosques de este y otros mundos unidos en una sola mente, y me elevo por el universo viajando hasta ti, luz azul, en donde tus ojos negros me hacen descubrir el secreto del amor, porque ahí estas tu mi hada  mi mujer amor.

 

 

XXXIIIDESPERTAR

 

Y Juan Sebastián Cona despertaba de su extraño sueño, que tenía todas las noches, pero que el no recordaba durante la vigilia “yo no tengo sueños” decía cuando desganadamente respondía a alguna tonta pregunta al respecto.

 

  • Que hora es, las 7:00, bien hay que trabajar

  • Annaaaaaaaaaa

  • Señor

  • Vieja, tráeme el desayuno. (vieja idiota, no sé cómo pude contratarla)

 

Y Juan Sebastián, 33 años soltero empedernido, con un doctorado en Duke en economía, exitoso corredor de la bolsa partía a su oficina en su deportivo rojo y fumando como animal.

- Juan Sebastián, te tengo un par de novedades.

- Te apuesto que es por lo de los ingleses, Efrain.

- Si, lo que pasa es que el estamento técnico del ministerio del medo ambiente rechazó el proyecto de la explotación del bosque de Chiloé

-¡Estúpidos!, como no se dan cuenta que la única forma de salir del subdesarrollo es creando empresas que hagan ganar dinero a las personas como nosotros para que lo depositemos en acciones extranjeras. ¿Tenemos algún contacto?

  • Bueno, el subdirector es muy amigo del diputado Orellana, de la Unión Cristiana, a través de él podemos hacer presión para que aprueben el proyecto en términos políticos. Y también con Jorge Shcultze, de la Izquierda del Pueblo, así aseguramos los dos bloques más amplios.

  • No, antes déjame hablar con el Intendente, yo se cómo manejarlo, también paguemos algunas noticias en la prensa sobre las míseras condiciones de vida en la zona y la necesidad de crear empleo.

  • - Pero Juan Sebastián, allá, en la costa del pacífico de Chiloé no vive casi nadie.

  • Ja! Tú crees que la gente tiene idea de eso, son todos unos ingenuos.

.

Y Efraín, socio menor de la empresa de proyectos de Juan Sebastián nuevamente admiró con sumisión la tremenda capacidad de hacer negocios de su amigo y profesor del MBA, en la universidad, dónde se habían conocido.

-Ah!, Seba, acuérdate que a la noche tenemos la reunión con el grupo de Canadienses y Chinos por el proyecto del Aluminio.

 

CAPITULO XXXIV EL NEGOCIO

 

Esa noche se reunía con el agregado de negocios de China y un inversionista Canadiense de una empresa que tenía prohibición de operar en ningún país desarrollando por los desastres ambientales que ya había producido, viendo en Chile un paraíso por la débil legislación, nula cultura ambiental e internacionalmente reconocido afán de autodestrucción de sus habitantes y ciegas autoridades.

 

El plan era refinar aluminio en la zona de Aysen, pues para hacerlo se requieren millones de litros de agua pura, y poder producir millones de toneladas de desechos tóxicos sin que las autoridades les importe, y este país tenía ambas cosas. Habían tenido la férrea oposición de grupos ambientalistas de la zona, pero a Juan Sebastián le gustaba poner a prueba hasta el límite a sus oponentes.

Claro, había que vaciar un lago e inundar unos bosques, pero que importaba versus las ganancias que reportaría.

Entonces tomaron una serie de siniestros acuerdos, en los cuales Juan Sebastián se comprometía a allanar el camino a esa empresa, desprestigiando a los ecologistas que siempre estaban molestando, creando la imagen de que era un proyecto muy beneficioso que va a dar mucho empleo y riqueza a esa supuestamente pobre y sin ningún valor tierra olvidada.

 

A cambio los Chinos, futuros importadores del aluminio, pagarían con una gran participación en el negocio de telecomunicaciones y prensa que estaban realizando encubiertamente en Sudamérica, con el fin de poder extraer recursos antes que los estadounidenses comenzaran la última gran explotación de este lugar gracias a los acuerdos de libre comercio.

 

Lo que los Chinos no sabían era que Juan Sebastián ya había hecho un trato con los yankees para convertirse el gran nexo entre las empresas norteamericanas y los políticos sudamericanos, y se iba aprovechar justamente de la red de comunicación que los chinos le iban a proveer.

 

Este proceso de negociación además puso en conocimiento de J.S. la enorme red de influencias tejida por los países desarrollados en los países tercermundistas, con mucho dinero bajo cuerdas.

 

El único que sabía a ciencia cierta estos hechos era Efraín, que día a día aumentaba su admiración por J.S.

 

Pero Efraín tenía un problema de “negocios” que nunca se había atrevido a plantear a su amigo, pero esa noche habían tomado algo más de la cuenta y jalado algo de droga, lo que lo envalentonó y por fin le contó a J.S: su problema:

-   Seba, hace tiempo que quería proponerte un negocio.

No se trata de mucha plata, pero es una pelea que llevo hace años con mi viejo y ya se convirtió en un desafío para mí.

-    Me gustan los desafíos, pero más me gusta la plata.

  • Pero igual te gusta mi novia, y he notado que igual ella te coquetea.

  • ¿qué quieres decir?

  • Que si me ayudas con este problema me las arreglo para que puedas estar solo con ella, tú sabes.

  • No puedo negar que es una oferta atrayente, bueno ¿de qué se trata?

  • Mi viejo tiene 2500 hectáreas de bosque nativo antiguo en el sur, por Pucón, y el muy terco no quiere hacer nada con él, además los de una fundación conservacionista le han lavado el cerebro. Pero creo que ya está suficentemente viejo como para engañarlo y lograr que nos deje explotar el predio, y se podría sacar rápido un montón de dinero, total se corta el bosque más adentro para que nadie se dé cuenta y los del Ministerio de Medio Ambiente tienen tan poco personal que jamás fiscalizan. Yo lo he tratado de convencer, pero no me resulta, pero creo que tú con tu increíble labia  podrías hacer algo.

  • Me gustó la idea, prepara a tu novia para nuestro regreso porque vamos para Pucón de vacaciones.

 

CAPITULO XXXV EL VIAJE

 

J.S. nunca había estado en el Sur, sus escasas vacaciones siempre eran en lugares de moda, especialmente casinos de juegos, siendo cliente frecuente de los hoteles de Las Vegas, y además su centro de operaciones estaba en Santiago dónde se juntaba el poder que el necesitaba para actuar.

 

Así que partieron en el 4x4 de Efraín.

 

Y los primeros bosques de pino comenzaron a aparecer, lo que apenas le significó a Efraín unos leves pensamientos respecto a las empresas propietarias y el estado del negocio forestal.

Pero de pronto vio un pequeño grupo de árboles distintos a los demás, que a pesar de verse a primera vista puestos en el más absoluto desorden, mostraban una armonía infinitamente mayor que las ordenadas hileras de pino insigne, que le hicieron recordar a J.S. algo inexplicable.

Pero él rápido evitó esos extraños pensamientos poniendo fuerte la música.

 Los beach boys en la radio era como un himno que anticipaba los millones que iba a ganar gracias a los estadounidenses.

 

Llegando a Panguipulli se fueron directamente a la casa de un ingeniero forestal amigo de Efraín, donde hicieron planes y cálculos de prospección de la madera.

A la noche fueron a la discoteca del pueblo, bebiendo copiosamente hasta altas horas de la madrugada.

 

El Subiabre, el forestal, les presentó unas amigas con las que bailaron y llevaron a la casa donde siguió la fiesta.

 

A la mañana siguiente J.S. despertó antes que los demás, sintiéndose muy ahogado y con un terrible dolor de cabeza, por lo que se duchó saliendo a caminar por el pueblo para despejar su mente y comprar analgésicos.

Cruzando la plaza del pueblo de pronto vio un reflejo en el rabillo de su ojo, que lo hizo inevitablemente dirigir su mirada al lugar de dónde provenía.

Sus ojos aún adormecidos por la intensa noche no pudieron distinguir bien, pero de pronto sintió que el alma y la vida se le escurría por las pupilas.

 

Vio como frente a él una silueta bellísima y luminosa se desplazaba por el aire casi sin tocar el suelo, y de pronto los negros ojos esa bellísima joven miraron directamente a los de él y a J.S. le pareció reconocerlos desde siempre. Y el tiempo se detuvo, y a ella, al verlo a él, con su alma prisionera de un sueño, le dio una pena infinita, así que de uno de sus párpados se desprendió una lágrima de cristal, que brilló tan fuerte, que a J.S. encandiló y lo obligó a parpadear por un instante, luego de lo cual la silueta celestial había desaparecido.

 

Regresó a la casa, donde Efraín preparaba todo para ir al campo de su padre.

 

Y tomaron por un perdido camino lateral que se internaba al campo de Don Nicolás, padre de Efraín, haciéndose el bosque a los lados del camino cada vez más denso, haciendo después de un rato parecer casi un túnel rodeándolo.

Y comenzó a invadir el jeep un hermoso fulgor verde oro, aromas a flores y fresca humedad.

Y J.S. comenzó de pronto a recordar por primera vez en la vida su sueño, como rápidos flashes sobre un cuadro a oscuras.

 

Nunca había visto un bosque austral de verdad, y sintió unos profundos deseos de adentrarse en él.

  • Que te pasa J.S.?

  • Nada, eh... solo estaba calculando cuanto podemos sacarle a esta madera.

Efrain noto en su amigo una irreconocible mirada, en unos ojos que parecían brillar como nunca antes, y su siempre ordenado cabello se tornó algo descuidado en un instante.

 

CAPITULO XXXVI EL ENCUENTRO

 

Llegaron a un abrupto camino que se elevaba cada vez más entre cascadas y bosques que tercamente se aferraban a las rocas.

Cuando Efrain pretendió poner el CD de los beach boys, J.S. lo contuvo casi con violencia.

Esa inexplicable actitud hasta preocupó a Efrain, al que al ver a su amigo le pareció estaba absorto escuchando el concierto de cantos de aves del bosque que lograban traspasar el ruido del motor.

De pronto ingresaron a un claro en el bosque donde apareció una casa que parecía haber crecido junto al bosque, con troncos que traspasaban las paredes, para luego reaparecer en el techo.

Entonces bajaron del auto y Efraín Conminó a J.S. a golpear la puerta, pidiéndole que de inmediato intentara convencer a su testarudo padre para cronometrar el tiempo que supuestamente le tomaría a J.S. convencerlo.

 

Al hacerlo una suave mano apareció abriéndola, y de pronto el umbral reveló una nueva aparición de la silueta celestial que había visto por la mañana.

-J.S., te presento a mi hermana, Kuyenfey.

Ellos se quedaron mirando como estatuas.

  • Que ocurre, ¿ustedes se conocían de antes?, preguntó Efraín.

  • S..Si, nos vimos en la mañana en la plaza de Panguipulli, balbuceó Juan Sebastián, a lo que Kuyenfey replicó:

  • Nos conocemos mucho más que eso.

 

Luego vino un largo silencio que pareció durar una eternidad, que sólo fue interrumpido por la aparición de Don Nicolás, quien era un viejo de sabia y benevolente mirada.

Entonces Efraín, quien ya estaba muy confundido por lo que estaba pasando, imprecó a J.S.

  • Juan Sebastián, te presento a mi padre, ¡¡y cuéntale lo que habíamos acordado!!

 

Juan Sebastián como despertando apenas pudiendo articular palabras dijo:

  • Eee.. Don Nicolás, yo venía a proponer eee.. un gran nego...

De improviso Don Nicolás lo interrumpió diciéndole con firmeza pero a la vez con afecto:

-Antes que me propongas nada quiero que vayas junto a mis hijos a conocer el bosque por una semana, y si al regresar eres capaz de hacerme nuevamente la propuesta, yo accederé a lo que tu digas.

La voz de Don Nicolás sonaba de una pureza y verdad absoluta, y causó un gran impacto a J.S., quien no daba más con tantas emociones que había sentido, como nunca en su vida en sólo unas horas.

Y Efraín, también algo extrañado por la actitud de su amigo, sintió alegría al suponer que sería muy fácil esperar sólo una semana para hacer efectivo al fin su plan de explotar ese bosque.

 

CAPITULO XXXVII LA REGRESION

 

Y Juan Sebastián entró en un desconocido estado de mutismo, una mezcla de miedo y alegría intensa que nunca había sentido, y la sola presencia de Kuyenfey lo hacía olvidar que la noche anterior le había comentado a Efraín que nunca tomaría en serio a ninguna mujer y que servían nada más para entretención.

 

Al día siguiente cargaron mochilas y alimento para una semana y comenzaron a recorrer un amplio sendero que se abría por detrás de la casa, construido sobre pequeños troncos dispuestos alineados a lo largo, con barandas en los lugares más cenagosos. A ambos lados los arboles estaban cubiertos de helechos y enredaderas de manera que mirándolos de cerca parecían ser pequeños bosques.

 

A cada instante el silencio era interrumpido por el canto de las aves, chucaos, hued hued curiosos se acercaban y seguían a los caminantes, quienes avanzaban por ese sendero que cruzaba innumerables arroyos de hermoso arrullo. Hacia arriba se sentía como el viento suavemente mecía las copas de los árboles, haciendo reír a las hojas y crujir los ancianos troncos.

Todo esto tenía a Juan Sebastián sumido en una especie de trance. Los flashes de recuerdos que tenía ayer se estaban convirtiendo lentamente en un amanecer, pareciéndole todo extraordinariamente familiar.

En vez de la actitud de Efraín, quien protestaba a cada momento por tener que caminar por ese lugar tan agreste, sintiéndose torpe y tropezando y enganchándose en ramas constantemente, J.S. sentía que andaba por un lugar casi propio, reconociendo en cada aroma, cada sonido, recuerdos de sus sueños, que ahora cobraban vida.

Kuyenfey por su parte guiaba al grupo, deteniéndose de rato en rato explicando el nombre de cada especie de árbol, las aves que prefieren visitar sus ramas, los helechos que crecen en su corteza, y su edad aproximada. Sus pies parecían ir por el aire, sin ni siquiera sonar al pisar los troncos. También explicaba las propiedades medicinales de una u otra hierba, acerca de los hongos comestibles y como una persona perfectamente podría sobrevivir en el bosque.

Después de tres horas de caminata el sendero comenzó a desaparecer, dejando en su lugar sólo una débil huella que se comenzaba a elevar cada vez más en una fatigosa pendiente. Pese a las constantes protestas de Efraín, el deseo de seguir adelante de J.S. permitió llegar a una gran cascada desde dónde se observaba la casa muy a lo lejos, y mas allá aun el lago Panguipulli.

Decidieron hacer campamento en ese lugar.

Entonces Kuyenfey le pidió a J.S. que la acompañara, y juntos fueron algo más arriba de la cascada, dónde había un escondido sendero que terminaba en una gran araucaria.

  • Juan Sebastián: este árbol está vivo aquí antes de que Jesucristo naciera, y en esa época ya era adulto, como los que están más abajo.

  • Ahora los llevaré a un valle escondido, que sólo conocemos quienes amamos a los bosques, y yo sé que en tu interior eres parte de ellos.

A la mañana siguiente reanudaron el camino que se hacía cada vez más abrupto, debiendo muchas veces usar las ramas de los árboles como escaleras.

Luego de un buen rato llegaron a una cima y ante ellos se abría un encajonado valle, que rodeaba un río que bajaba de lo alto de las montañas, vaciando sus aguas en una profunda laguna.

Entre el bosque se elevaba una débil columna de humo.

  • ¿Quién está ahí?

  • Son pehuenches que mi padre acogió aquí luego que una hidroeléctrica inundara su país. Y le entregó este valle, el más querido para él, y que se llama Ayün.

Y Efraín miró con cierto tono de burla a J.S. para indicarle que lo de la hidroeléctrica era un negocio que su misma oficina había propiciado.

 

Descendieron hasta un caserío de extraña factura. Siempre Juan Sebastián creyó que los Mapuche o los Pehuenche vivían en una miseria e ignorancia absoluta, pero vio formidables casas, que extrañamente no se lograban distinguir cerro arriba, y que parecían estar vivas, como otro árbol más, y todo esto enmarcado por un formidable bosque de Araucarias.

 

Esa noche, pese a arreciar afuera una fuerte lluvia, dentro de la casa dónde habían sido invitados por la machi de la comunidad a pasar la noche, se sentía una acogedora sensación de calidez.

Entonces la machi Eugenia comenzó a contar hermosas historias acerca de los animales, de brujos y shamanes que vinieron del Sur, de la convivencia en comunidad, del amor y la armonía de la naturaleza, el hombre y el universo que invocaban los Pehuenche en cada instante de sus vidas.

De pronto cesó la lluvia y salieron a saludar la noche.

De un momento a otro el cielo dejó entrever a millones de estrellas, que reflejaban su luz sobre los hielos eternos de las montañas a lo lejos, y hacían brillar las copas de las araucarias recién bañadas. Luego de un rato las aguas de la laguna al frente se aquietaron y comenzó un lejano canto de un sapito, que se fue uniendo a muchos otros hasta convertirse en un increíble concierto de miles de voces.

Mientras la Luna llena salía entre las montañas, reflejándose junto a los astros en la quietud de la laguna. A momentos soplaba una brisa cálida, y  J.S. sintió que se diluían de su mente todos los afanosos pensamientos de éxito, dinero y gloria que le eran tan propios. Lentamente desaparecía su pasado, dejando además de importarle el futuro, sólo lo invadía un deseo de seguir estando ahí, tan vivo.

  • Mi nombre significa “Luna llena”-, dijo Kuyenfey, y J.S. al mirarla vio que realmente sus pupilas brillaban tanto o más que la luna que ya estaba en lo alto.

Y la besó tiernamente, y en ese momento descubrió que nunca había besado en verdad, y que todo lo que estaba viviendo era como un auténtico nacer, o un regreso de la muerte.

 

CAPITULO XXXVIII EL GRAN GENOCIDIO

 

En los cuatro días que estuvieron en la comunidad aprendió a respetar a los Pehuenche más que a cualquier inversionista millonario, que ahora le parecían pobres remedos de simples y viles seres.

 

Entonces partieron de regreso, lo cual fue una gran alegría para Efraín, a quien ya no le gustaba mucho la forma en que se comportaba Juan Sebastián, temiendo incluso de que la machi lo hubiera drogado con alguna oscura pócima.

Cuando ya estaban llegando a la cascada donde habían acampado, J.S. sintió una gran necesidad de estar solitario un momento en el bosque, así que le dijo a los demás que le gustaría quedarse un rato y que después los alcanzaba.

Entonces los hermanos siguieron bajando, y él sintió que debía ir junto al gran árbol que Kuyenfey le había mostrado.

Se sentó apoyando su espalda en la corteza, cerró los ojos y percibió cómo un débil sonido recorría el árbol desde las raíces, era como la vida que se comunicaba por el tronco, uniendo el cielo con lo profundo de la tierra.

Tanta concentración requería captar esto por parte de J.S. que entró en un estado de extraño sopor, llegando a sentir que esa savia milenaria no pasaba ya sólo por el árbol, si no que había encontrado camino por su propio ser, llegando por una milésima de segundo sentir como sentía un árbol, que no era sólo un árbol, si no que un universo terrestre con millones de seres que se comunicaban con el universo lleno de infinidad de otros bosques, para crear algo parecido a una conciencia superior.

Al llegar a ese punto, J.S. despertó violentamente, miró a su alrededor, y a pesar de estar en el mismo lugar, todo parecía distinto. De hecho el árbol a su espalda era algo más pequeño.

Pero llegó a asustarse cuando se percató de que estaba descalzo y prácticamente desnudo.

Ahí escuchó con pavor unos fuertes gritos que decían:

  • ¡Pardiez, que allá ahí uno! ¡Atrapadle y dadle muerte!

Y Juan Sebastián se incorporó de golpe cuando vio que a toda carrera se aproximaban unos veinte hombres a caballo subiendo por el sendero, blandiendo lanzas y espadas.

Su pánico superó su capacidad de raciocinio, y comenzó a correr, pero con una increíble agilidad.

Sus músculos respondían con una plasticidad y velocidad asombrosa, lo que le permitía casi volar por entre el cerrado follaje. Sus ojos distinguían claramente cada detalle identificando en fracciones de segundo donde debía pisar, logrando igualar incluso en rapidez a los caballos que trataban de darle alcance.

Y en su mente oía voces que le iban además indicando por dónde seguir su huida, como parte de un engranaje de varias mentes trabajando al unísono.

Y llegando a un claro vio con sorpresa cómo cincuenta  fornidos hombres se abalanzaban desde la altura sobre las monturas de los españoles.

Entonces entendió que él había servido de señuelo.

Entonces caminó de regreso junto a ellos, con los que no necesitaba hablar, pues de sólo mirarse podían comunicar más que horas de conversación.

Él sabía que su abuelo no era italiano como el pretendía hacer creer a los demás.

Cona era un apellido mapuche.

Concluyó que estaba viviendo una suerte de regresión, quizás llamado por sus antepasados para ayudarlo a entender.

Llegó a un poblado similar al del valle Ayün, entrando a una ruka dónde el machi que la habitaba estaba en trance.

 

Entonces Juan Sebastián percibió extrañas figuras de humo que lo rodeaban, torsos desnudos pintados con pintura ocre, (y que le recordaron la historia de los chamanes del sur que Eugenia le habia contado) que desaparecieron cuando el machi lo miró a los ojos, entregándole a J.S. sus pupilas y su mente, sólo en un segundo, cientos de años de historias y de lucha del pueblo de la Ñuke Mapu contra el invasor.

Fue como haber vivido miles de vidas en un momento, experimentado miles de dolores y muertes.

Y cayó en un negro remolino de sufrimiento y despojo, y se vio a sí mismo y su vida como un espectador, y sintió vergüenza.

De pronto se vio nuevamente en ese lugar mágico, apoyado en ese árbol milenario, y de pronto se agolpó en su mente una terrible verdad: el bosque que lo rodeaba era justamente el que pretendía destruir Efraín, y que el pueblo que lo había recibido con amor, él había gestionado para que los echaran de sus tierras, y recordó que tenía cientos de proyectos a su cargo que pretendían destruir los pocos bosques nativos que aún quedaba, recordó el proyecto del aluminio.

Y lanzó un extraño grito, que apenas se oyó hacia fuera, pero que era para J.S. descubrir la existencia de una gran herida abierta en su vientre, indolora hasta ese instante.

Y corrió como nunca, llegó a la casa de Don Nicolás, y apenas sin dar mayores explicaciones, tomó un avión de regreso a Santiago.

 

 

 

 

 CAPITULO XXXIXPILLANES

 

J.S. era reconocido como un espectacular especulador de la bolsa y tenía un gran prestigio como mago de las finanzas pese a su escasa edad.

Y usando toda su capacidad en ello, como nunca en la vida, logró revertir varios de los proyectos que había iniciado, y aún más, dejó en descubierto la red de corrupción y desinformación que hace décadas se había tendido en torno de los países tercermundistas.

 

Estuvo casi un mes en esto, casi sin dormir ni comer, como si en ello se le fuera la existencia.

 

Y cuando al fin terminó, regresó a su casa, se acostó, y de pronto recordó sus sueños y sintió que esa noche algo extraordinario iba a suceder.

 

Mientras tanto esa misma noche Kuyenfey estaba frente a la laguna de Ayün en un acontecimiento único. Desde pequeña que había sido adiestrada por la machi Eugenia como machil o aprendiz de machi, y justamente esa noche era su ceremonia de iniciación.

Entonces comenzó a subir por el árbol ceremonial o rehue, para al alcanzar el último escalón dónde su alma desdoblada alcanzaría el séptimo de los cielos convirtiéndose así en pillán, o espíritu de los bosques.

 

Y Juan Sebastián sentía como su espíritu se separaba de su cuerpo y su sueño dejaba de ser un sueño y se convertía en una premonición que cobraba vida en ese momento “Siento como vuelven a mi millones de estrellas, que invaden de azul cada célula, cada átomo de mi ser”.

 

“Mi piel se transforma en aire, elevándome hacia el cielo, acompañado por los vapores de la noche”.

 

Mientras, Kuyenfey se elevaba sobre la Luna, la que parecía brillar cada vez más fuerte

 

“Todo queda atrás, el ruido de la ciudad parece un lejano sueño, y sin temor dejo lo construido para entrar a lo creado”.

 

“Las estrellas brillan mas cerca, la noche de los  ojos parece el día del alma, y arribo a lo alto, donde están las nubes, y un fuerte  viento norte me lleva con ellas hacia el SUR...”

 

“Bajo mi cientos de lagos reflejan la luz de la luna llena, y unas imponentes montañas y luminosos volcanes me hacen mantener un seguro viaje.”

 

“Entonces llego a la cumbre mas alta, y con un ímpetu poderoso, estallan mil rayos, todo se cristaliza y caigo convertido en infinitos diamantes de agua sobre un lecho blanco.”

 

“Lentamente comienzo a bajar la pendiente mientras aparece un sol que logra romper mi frío reposo, convirtiéndome gradualmente en un arroyo, uniéndome a

muchas otras aguas, llevándome a transformar en un gran torrente,

sumergiéndome en lo profundo de una sombría selva, siendo absorbido por las raíces de los arboles, entendiendo por fin la milenaria conciencia de los bosques, con millones de seres que forman parte de mi, aves ,insectos helechos, pequeños mamíferos, alcanzando de pronto la conciencia universal, como  innumerables bosques de este y otros mundos unidos en una sola mente, y me elevo por el universo viajando hasta ti, luz azul, en donde tus ojos negros me hacen descubrir el secreto del amor, porque ahí estas tu mi hada  mi mujer amor.”

 

Entonces Juan Sebastián y Kuyenfey se unieron ante el Hueñelfu transformados pillanes, protectores del bosque por siempre.

 

XL QUINIENTOS AÑOS DESPUÉS

 

La tundra boreal conserva justa bajo la superficie de la tierra un sustrato congelado llamado permafrost. Este sustrato tiene una altísima concentración de metano, el cual cuando está en estado gaseoso se libera a la atmósfera generando un efecto invernadero 20 veces mayor de lo que el dióxido de carbono produce.

 

La enorme población humana del planeta fue llevada a un estilo de vida que hizo imparable el aumento de la temperatura, pese a los esfuerzos de instituciones internacionales y locales conscientes del peligro. Se esperaba que el ascenso de la temperatura fuera lento y gradual.

 

Pero algo inesperado ocurrió.

 

El permafrost producto del alza de temperatura inicial inició un rápido proceso de descongelamiento, que liberó en no más de dos años mil millones de toneladas de metano a la atmósfera.

Esto desató una cadena de eventos impredecible.

 

En los dos años siguientes la temperatura del planeta subió en 8 grados, lo que significó el rápido derretimiento de los polos, aumento muy rápido del nivel del mar, alteración absoluta del régimen de lluvias, sumado a sequias que ayudaron a desencadenar incendios que nunca se lograron apagar, manteniéndose encendidos por años.

 

Mientras los estados más vulnerables sintieron rápidamente el efecto de estos cambios. El hambre y enfermedades generados por las sequias/inundaciones, que tornaban impracticable la agricultura o la ganadería, cobraba cientos de millones de víctimas.

 

Ello generó una migración de población en busca de la supervivencia que obligó a otros estados a establecer cercos para detener la invasión.

Ello conllevó a una guerra global por los recursos naturales.

 

Los estados más fuertes no dudaron en utilizar todo su poder bélico para invadir y dominar aquellas áreas del planeta aún productivas, generándose al cabo de cien años islotes de zonas fuertemente defendidas, especialmente en áreas cercanas a montañas con un curso de agua estable. Cada área era administrada por una familia, regresando la humanidad a una organización de tipo feudal.

 

Pero en la medida que los recursos en esos islotes desaparecían, se planificaban campañas para invadir otros mejor proveídos, produciéndose nuevas guerras por el control de las cuencas.

 

Finalmente, al cabo de 500 años quedaban sólo unas cuantas áreas habitadas en el planeta, fuertemente custodiadas, con una cultura absolutamente guerrera, siendo la paz mantenida simplemente por la distancia y los infranqueables límites geográficos que las separaban.

 

Pero entre ellos quedaban otros grupos de humanos que luchaban por sobrevivir, que se habían mantenido al margen de las pugnas, aislados en recónditos valles en las montañas, que aprendieron a cultivar el espíritu y reintegrarse a la matriz universal.

 

Y entre ellos era conocida la antigua leyenda.

 

Que muy al sur existía un mundo dónde se había preservado la vida como era hace más de quinientos años.

 

Pero el tiempo se acababa para muchos de ellos, ya que la vida se extinguía, por lo que se hacía preciso un viaje hacia la pureza, un último y desesperado viaje al Sur Profundo.

 

Continuará…

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Concierto por La Tierra

28 de abril de 2019

El domingo 28 de abril en el Parque Natural Aguas de Ramón, en La Reina, a las 15:00. Joaquín Ipinza presentará temas de su próximo disco y algunos de sus producciones anteriores. Se paga solamente la entrada al parque. Como parte de una actividad llamada "Caminata por la Tierra" que organiza Codeff y que empieza a las 10:00am. El concierto será en el lecho del río.

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Concierto Privado

Mayo 2019

Un show multimedial "inmersivo" con música e imágenes.

Música, artes visuales, literatura y mucho más en este nuevo dispositivo multimedial.. Pídelo en ipinzamusic@gmail.com. A sóloo $5.000CLP u $8.00USD

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Concierto Privado

Mayo 2019

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SAMARA

Video Clip de este tema del disco AUSTRALIS

Joaquín Ipinza

Innovación, ciencia, naturaleza y un mensaje lleno de valores y espiritualidad.

Contacto

8630 Los Dominicos
Las Condes,
Chile

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