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XXXII El sueño de Juan Sebastián.

Cada noche, en su sueño, la mente de Juan Sebastián le recita las órdenes que debe cumplir, y empieza diciéndole: “Mi piel se transforma en aire, elevándome hacia el cielo, acompañado por los vapores de la noche”.

 

Entonces, Juan Sebastián siente que se separa de su cuerpo, y asciende hacia otra dimensión, una extraña en la que lo material deja de importar, mientras escucha que su mente le recita: “Todo queda atrás, el ruido de la ciudad parece un lejano sueño, y sin temor dejo lo construido para entrar a lo creado”.

 

Sintiéndose en lo más alto del cielo, y con una extraña e inexplicable sensación de calma, Juan Sebastián se pregunta: “¿Y ahora, a dónde me llevan?” Su mente le responde: “Las estrellas brillan más cerca, la noche de los ojos parece el día del alma, y arribo a lo alto, donde están las nubes, y un fuerte viento del norte me lleva con ellas hacia el SUR...”

 

“¿Hacía el sur?” —se pregunta Juan Sebastián cuando empieza a sentir que su espíritu es impelido por el viento que viene del norte, y desde las alturas puede ver hermosos paisajes; mientras su mente le dice:

 

“Bajo mí, cientos de lagos reflejan la luz de la luna llena, y unas imponentes montañas y luminosos volcanes me hacen mantener un seguro viaje.”

 

“¿A dónde? ¿A dónde me llevan?” —se pregunta Juan Sebastián. Pero sus dudas pronto son respondidas cuando, al llegar a una gran montaña coronada de nieve y con una espesa neblina, es llevado en el aire hacia el interior de una cueva, en la que se encuentra en medio de varios personajes intimidantes.

 

Son chamanes, hombres y mujeres cuyos cuerpos espirituales son de apariencia pálida y fulgurante; y le miran como cuando un maestro examina a un aprendiz.

—¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? —pregunta Juan Sebastián un poco asustado.

—Estás en una de las montañas sagradas de la isla “Jaius”, pero no en tu mundo, sino en el mundo espiritual —responde uno de los maestros.

—Somos Yekamus, en tu mundo se nos suele llamar chamanes —dice una dama, una chamán.

—¿Cómo es que este yámana ha llegado hasta aquí? —pregunta otro de los maestros.

—Es el nuevo loila-yekamus —dice otro de los chamanes, quien parece tener más experiencia entre los maestros.

 

 

Al observar la confusión de Juan Sebastián y percibir sus innobles pensamientos de destrucción, otro de los chamanes dice:

—No puede ser él, solo piensa en destruir los bosques.

—Si no es él —dice el que parece tener más experiencia—, ¿por qué entonces está teniendo su primer “asikaku”?

—Maestro, ¿qué es un asikaku? —pregunta Juan Sebastián respetuosamente a esos seres extraños.

—Asikaku es tu despertar espiritual hombre yámana —le dice el maestro más experimentado.

 

En ese momento, aparece una figura espiritual femenina, tan fulgurante que en un primer momento enceguece a Juan Sebastián; pero después puede ver con total nitidez su atuendo blanco como la luna y verde como el fulgor de las esmeraldas. Es la mujer más bella que Juan Sebastián ha visto en su vida, con una mirada penetrante que le atravesaba el alma.

 

—Él es especial —dice la hermosa figura espiritual femenina—, pronto estará listo para unirse conmigo ante el Hueñelfu.

—Entonces, tienes que mostrarle al yámana su verdadera naturaleza —dice otro de los chamanes.

—Adelante, puedes mostrarle su esencia —le dice el maestro más experimentado a la figura espiritual femenina.

 

Entonces, la hermosa figura espiritual femenina se acerca a Juan Sebastián, toma cariñosamente su mejilla, y atravesando su alma con su penetrante mirada, le dice:

—Cuando llegue el momento, recordarás, y todo será tan claro como la luz del día. Ahora debes conocer tu verdadera naturaleza.

 

Juan Sebastián siente que su cuerpo empieza a cambiar, mientras escucha que su mente le dice: “Siento como vuelven a mí, millones de estrellas, que invaden de azul cada célula, cada átomo de mi ser”.

 

Su cuerpo empieza a elevarse hasta más alto que la cumbre nevada, y Juan Sebastián escucha en su mente: “Entonces llego a la cumbre más alta, y con un ímpetu poderoso, estallan mil rayos, todo se cristaliza y caigo convertido en infinitos diamantes de agua sobre un lecho blanco.”

 

Así, Juan Sebastián siente que sorpresivamente su cuerpo estalla y se transforma en millones de copos de nieve, que bañan la cumbre de la montaña. Pero en su mente escucha: “Lentamente comienzo a bajar la pendiente mientras aparece un sol que logra romper mi frío reposo, convirtiéndome gradualmente en un arroyo, uniéndome a muchas otras aguas, llevándome a transformar en un gran torrente, sumergiéndome en lo profundo de una sombría selva.”

 

Es de esa forma que Juan Sebastián siente que, de manera inexplicable, su cuerpo se transforma en torrentes de agua que fluyen por la tierra. Pero en su mente entiende cuál es su propósito: “Siendo absorbido por las raíces de los árboles, entendiendo por fin la milenaria conciencia de los bosques, con millones de seres que forman parte de mí: pequeñas plantas, helechos, árboles, insectos, aves, pequeños mamíferos, grandes criaturas; alcanzando de pronto la conciencia universal, como innumerables bosques de este y otros mundos unidos en una sola mente.”

 

Juan Sebastián siente cuando su cuerpo transformado en agua nutre los poderosos árboles y las pequeñas plantas, que forman el alimento y la morada de todos los otros seres vivos. Ha tenido el placer y el privilegio de acompañar al agua en su ciclo; una experiencia que le ha hecho despertar, para poder reconocer la vida; al ser vivo que palpita en cada árbol, en cada planta.

 

 

Como el aire, Juan Sebastián vuelve a las alturas y escuchar cuando su mente le dice: “Y me elevo por el universo viajando hasta ti, luz azul, en donde tus ojos negros me hacen descubrir el secreto del amor, porque ahí estas tú, mi hada, mi mujer amor.”

 

La hermosa figura femenina se acerca de nuevo hacia él, lo toma cariñosamente por la mejilla, y Juan Sebastián…

EL SUEÑO DE JUAN SEBASTIAN
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PUERTECILLOJOAQUIN IPINZA
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