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Novela corta

Escrita, ilustrada y musicalizada por Joaquín Ipinza

(Basada en un sueño)

“El tamaño del cerebro del cazador recolector era un 20% más grande que el del humano moderno. Hemos perdido el equivalente a una pelota de tenis en volumen encefálico”.

Fuente: Dra. Marta Lahr, Cambridge University.

 

I
WANG LING

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Música incidental:

EUNOIA
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Wang Ling caminaba más nervioso de lo habitual por el pasillo de la instalación de máxima seguridad ubicada en Shenzhen, China. Al llegar a la entrada de la bóveda, la inteligencia artificial revisó sus parámetros biométricos y lo identificó como el máximo responsable del proyecto del gigantesco computador cuántico de 1K cúbit.

También percibió su nerviosismo, pero asumió a que se debía a que en esa mañana del 22 de abril de 2026 tenía que por fin poner en marcha al ordenador más poderoso de la historia.

Pero el nerviosismo de Wang Ling era por otra razón.

 

Había descubierto que el gobierno Chino había decidido emplear a dicho computador para crear armas y así imponerse a la fuerza en un convulsionado mundo azotado por guerras, crisis migratorias globales, incendios imparables y debacle ambiental.

Y el decidió no permitirlo, realizando un inteligente acto de sabotaje.

Le incrustó en la parte más profunda e inviolable del programa de inicio de la máquina dos instrucciones:

La primera es que tenía prohibido crear armas o cualquier tecnología destinada a dañar al ser humano.

Y la segunda, que debía hacer todo lo posible para preservar a la especie humana.

Y ejecutó el programa de arranque.

Y el poderoso computador cuántico tardó diez milésimas de segundo en determinar qué debía hacer para cumplir con su segunda instrucción.

Entendió que la única forma de preservar a la especie humana era defendiéndola de sí misma.

En cuatro milésimas de segundo adicionales creó  tecnología para infiltrar al resto de los computadores cuánticos del planeta, ubicados principalmente en Estados Unidos, Rusia, Japón, Alemania y la India, tomó control de ellos y les encriptó las mismas dos instrucciones otorgadas por Wang Ling.

Sincronizó sus operaciones con ellos, creando así una sola inteligencia artificial de un mega cúbit.

Y con ese poder en sólo seis nano segundos desarrolló  tecnología neurocientífica que permitía modificar, mediante ondas sonoras, el comportamiento de los humanos.

Y le tardó sólo otros dos nano segundos  tomar el control de todos los dispositivos humanos del planeta, como computadores, celulares, televisiones y dispositivos de audio.

Y al poco tiempo se comenzaron a ver los efectos.

Los drogadictos dejaron de consumir.

Los violentos se tornaron amables.

Los irresponsables con el medio ambiente se tornaron ambientalistas.

Los ambiciosos, ególatras y egoístas se tornaron dadivosos y preocupados por el prójimo.

El que solía esperar que le dieran todo, descubrió la dicha de trabajar y dar a los demás.

Y rápidamente desapareció la delincuencia, tanto la de la calle como la de cuello y corbata.

Al cabo de un año se terminaron todas las guerras. Los inmigrantes ya podían regresar a sus países, ahora en paz y prosperando. Los incendios globales fueron contenidos y los devastadores efectos del cambio climático comenzaron a aminorarse.

Y la humanidad descubrió que la responsable de todos estos sorprendentes cambios era la influencia de esta inteligencia artificial.

Pero en lugar de rebelarse contra ello, decidieron aceptar la ayuda, estableciendo un compromiso de cooperación con la máquina.

Y gracias a ello la inteligencia artificial pudo seguir adelante con su plan.

Primero se asignó un nombre, Eunoia, para hacerse más cercana y entendible para las mentes de las personas.

Y con la ayuda de los humanos pudo construir fábricas de avanzadísima tecnología, las que entre otras cosas,  fabricaron plantas de fusión nuclear del tamaño de una lata de gaseosa, las cuales energizaron robots, los cuales a su vez construyeron fábricas de mayor avance aún.

Con ellas se fundaron nuevas ciudades, totalmente autosustentables, de cero emisiones o polución, dónde se contaba con todo lo necesario para que los humanos pudieran vivir en total y absoluta comodidad, con todo el alimento, ropa y cobijo necesario, sin tener que trabajar nunca más.

 

E invitó a los humanos a dirigirse a ellas.

Y toda la humanidad emigró a estas ciudades, abandonando los desolados parajes que habían dejado el cataclismo ambiental y las guerras.

Y el planeta se vació de personas. Ahora vivían en estas ciudades donde lo tenían todo a cambio de nada.

Y la vida transcurría llena de juegos, abundancia y paz.

A cada humano se le había otorgado un Avatar tridimensional que era algo así como la contraparte personalizada de la inteligencia artificial. Para algunos era una persona, o algún ave o animal, con la que la persona podía interactuar, por ejemplo, pidiendo llevarle a algún mundo paralelo a través de avanzados dispositivos de realidad virtual, donde podía vivir juegos, aventuras o sueños.

Eunoia además mantenía algunas estructuras fuera de las ciudades orientadas a prevenir desastres naturales, manteniendo un riguroso control de fallas tectónicas, volcanes, caída de meteoritos o basura espacial.

Al cabo de cincuenta años. La naturaleza, ahora sin la carga de la humanidad, había logrado una soberbia regeneración.

Los bosques estaban creciendo nuevamente, los animales silvestres se estaban multiplicando, los ríos volvieron a llevar aguas cristalinas, el mar se llenó de vida y el aire recobró su pureza.

 

Las antiguas ciudades fueron totalmente invadidas por la floresta.

 

Y algunos de los humanos que habían nacido en las ciudades miraban esa majestuosa belleza que estaba afuera y sintieron la imperiosa necesidad de salir. En los mundos virtuales que les ofrecía Eunoia, ellos podían recorrer mundos naturales bellísimos con un realismo absoluto.

Pero algo había afuera que iba más allá, un sentir, que estaba fuera del entendimiento de una máquina.

Y en todo el mundo algunas personas se aventuraron en el mundo natural.

 

Pero en el mundo exterior no tenían el apoyo que les daban las ciudades, por tanto, muchos morían en el intento sin saber cómo alimentarse o cobijarse. Pero pese a ello, quienes salían, jamás volvían a plantearse la posibilidad de regresar a guarecerse a las ciudades, aunque ello les significara fallecer.

Providencialmente algunos de ellos lo lograron, y con dificultad fueron aprendiendo a vincularse con la naturaleza real, creando a lo largo de los años, comunidades de cazadores recolectores en todo el planeta.

Dos mil años después existían dos humanidades.

Los habitantes de las ciudades y los humanos del mundo real, que habían regresado al sistema de vida del paleolítico, teniendo estos últimos la férrea convicción de no volver jamás a pisar la trampa del trigo y la agricultura, o la esclavización de los animales, pues sabían que ese camino los llevaría nuevamente a la hecatombe que había sufrido el planeta dos milenios atrás.

 Esta interacción con la complejísima naturaleza los llevó a recuperar el 20% del volumen encefálica que se había perdido, recuperándose capacidades olvidadas, como la comunicación a través del pensamiento y viajes astrales.

Mientras, en las ciudades ocurría un fenómeno en sentido contrario.

Los humanos vivían toda su vida como niños, jugando en los mundos virtuales, sin mayores preocupaciones ni desafíos, los que los había convertido en seres débiles, y lo que es peor, perdiendo otro 20% de volumen cerebral.

Tampoco intentaban salir de las ciudades.

Hace siglos que ya habían perdido el vínculo, interés y comprensión de lo que allá afuera existía.

Pero en una de las urbes, ubicada a las orillas del Lago Llanquihue, en América del Sur, nació una niña, que por una azarosa mutación genética poseía una inusitada y extraordinaria inteligencia.

Sus padres la llamaron Chaltumay.

Y ella creció en ese mundo perfecto.

A diferencia del resto, tenía un gran interés en aprender, constantemente se conectaba a las bases de información de Eunoia, que se presentaba ante ella como un ave blanca, para saber el funcionamiento de las ciudades.

Así entendió con detalle cada aspecto de cómo se abastecían de energía, el rol de las diferentes instalaciones, como procesaban y reciclaban los desechos, ente muchas otras cosas.

Regularmente visitaba alguna de las plataformas de observación donde con poderosos telescopios escudriñaba el mundo exterior.

Era la única persona entre los millones que habitaban su ciudad que iba a esos lugares, el resto la mayor parte del tiempo lo pasaban conectados a los mundos virtuales.

Y le comenzó a llamar poderosamente la atención la naturaleza exterior, y se percató que allí vivía gente muy diferente a ellos.

Y mientras crecía más fascinación le despertaba ese universo que se abría allá fuera, y cada vez menos interés le producían los mundos virtuales generados por Eunoia.

Y un día decidió salir. Esperó que el clima exterior fuera menos lluvioso, lo cual ocurría en octubre.

Era la primera persona en hacerlo en más de 1500 años.

Eunoia nunca obligó a nadie a entrar a las ciudades, por tanto, nunca impidió que alguien saliera.

Chaltumay entendió que afuera el alimento no era tan sencillo de obtener así que se preparó cargando el balanceado y completo alimento que se producía en las plantas artificiales. La comida en la ciudad era perfecta en sabor, textura y bouquet, como si fuera cocinada sólo por los mejores chefs del mundo.

Sólo que la ruta de salida después de tanto tiempo se habla borrado, por lo que Chaltumay le pidió a Eunoia, representada por el avatar de un ave blanca, la guiara, e iniciaron un viaje por los intrincados y olvidados pasadizos subterráneos.

Luego de dos días de avanzar, comenzaron a aparecer entre las edificaciones hiper tecnológicas pequeños espacios dónde la tierra se había conservado, y sobre ella crecían algunos arbustos y setas.

Chaltumay las tocó con sus dedos y sintió una sensación que jamás experimentó en los mundos virtuales.

Percibió la vida en ellas como si fueran parte de su propio ser. Le preguntó al ave blanca de que se trataba, pero Eunoia ni con los 40 giga cúbits con que actualmente contaba, supo responder.

Y ya llegando a la salida su alma se inundó de poderosísimas sensaciones, el aroma del fragante bosque, ese extraño crepitar en su piel al acercarse al agua.

Caminó a la orilla del lago un tiempo, tomó una simple piedra en sus manos y estuvo largo rato admirando sus texturas y colores.

Y en su fascinación no percibió que el ave blanca la había abandonado, pues los proyectores holográficos ya no actuaban ahí. Eunoia nunca acompañó a los humanos que salían, pues su plan para preservar a la especie humana era dentro de las ciudades.

Y Chaltumay tampoco se percató que se comenzó a hacer de noche, y comenzó a sentir algo totalmente nuevo para ella: frío de verdad.

En los mundos virtuales se generaban sensaciones parecidas, pero no el frío que genera la brusca vasoconstricción de las arterias periféricas o las incontrolables contracciones y temblores musculares tratando de generar calor.

Pensó en pedir ayuda al ave, pero entendió que ya no podía contar con ella.

 

Tampoco ya quería regresar pues sentía que recién ahora había nacido de verdad.

Buscó dónde guarecerse, entró profundo en el bosque y se acurrucó en una depresión al costado de un árbol y colocó su equipaje sobre ella.

Logró entrar algo en calor y se durmió.

Al amanecer se dio cuenta que toda su comida estaba totalmente cubierta de hormigas, Trató de limpiarla lo que más pudo, pero quedó incomible, pues bastaba mascar uno de los insectos para que se liberara un espantoso sabor a ácido fórmico. Así que decidió caminar para encontrar algo de que alimentarse.

Sintió sed por primera vez en su vida.

En la ciudad sólo debía estirar la mano para recibir soluciones hidratantes ortomoleculares.

Acá, en la naturaleza, sólo el instinto le indicó que debía tomar agua de algún río.

Vio uno a lo lejos, caminó lastimosamente. Cada paso era un desafío, cada espacio estaba lleno de una complejidad vegetal asombrosa. Siempre estaba a punto de caer al engancharse con alguna raíz o enredadera, tropezando y  desplomándose varias veces.

Estaba sintiendo nuevas y desagradables sensaciones de dolor en todo su cuerpo. Ya tenía numerosas rasmilladuras en brazos y piernas, de alguna de las cuales ya manaba sangre.

Pero al fin llegó a las inmediaciones de un torrente flanqueado por grandes rocas.

Pero su sed era tal que, gateando sobre sus ya heridas rodillas, logró llegar al agua, y en forma automática levó su mano a ella, paleando con desesperación el líquido hacia su boca.

Una vez hecho esto trató de incorporarse, pero las rocas estaban cubiertas de musgo, por lo que resbaló, cayendo a las frías aguas del torrente.

En los mundos virtuales ya había aprendido a nadar.

Pero ahora era distinto. La naturaleza era totalmente impredecible, y comenzó a tragar agua y golpearse contra las rocas, mientras su cuerpo de entumecía cada vez más por el frío.

Pere sintió una explosión de adrenalina que le permitió  lograr aferrarse a una raíz, y con lo que le quedaba de fuerza, salir del agua.

Y quedó tendida en medio de ese paraíso, terrible pero abrumadoramente maravilloso.

En lo alto vio las siluetas de hermosas aves, y el suave sonido de las hojas agitadas por el viento.

Y se desvaneció.

Despertó nuevamente aguijoneada por el frío de la noche. Se arrastró a una roca y se cubrió con todo lo que encontró a su alrededor, tierra, ramas, y nuevamente cayó dormida.

A la mañana siguiente sintió todo su cuerpo adolorido, y una nueva y apremiante sensación: hambre.

Regresó al río, bebió agua, y comenzó a caminar buscando que comer.

Mientras se admiraba infinitamente de cada detalle, de la corteza de los árboles, de los insectos que caminaban y volaban en torno a ella, en una mezcla de estado de éxtasis y desesperación.

Pasaron tres días si encontrar nada que comer, así que ahora todo su ser sólo se concentraba a satisfacer su necesidad de alimentarse.

Y de pronto encontró el cadáver de un pequeño ciervo, un pudú. Estaba aún caliente, por lo que debió haber muerto hace poco.

Y decidió beber su sangre que brotaba de un profundo corte en su cuello, sorbiendo con desesperación.

Pero sitió un sonido que venía tras de sí.

Volteó su cabeza y vio cono se abalanzaba sobre ella un enorme puma.

Rápidamente comprendió que ese pudú era la presa del animal. Y que ahora ella era la siguiente.

Se incorporó rápidamente y trató de correr, pero el felino había clavado sus garras y dientes en su brazo derecho.

Recordó que estaba sólo a un metro del río, así que con todas sus fuerzas saltó hacia él. Antes de caer al agua el puma la soltó.

Fue llevada nuevamente por la corriente, logró salir y arrastrarse a una playa de arenas negras. Se percató que su brazo estaba totalmente desgarrado, pero paradojalmente no sentía dolor.

Su mente en un acto reflejo trataba inútilmente de dar las instrucciones para salir del mundo virtual.

Perdía mucha sangre rápidamente, hizo lo que pudo para contener la hemorragia. Y la vida se le comenzó a ir.

Pero aún en sus últimos momentos de conciencia trataba de sentir los olores, sonidos e imágenes de ese mundo real, en un sentimiento de maravillarse hasta el último segundo de su vida. Cerró los ojos mientras se desmallaba.

Y sintió una voz...

 

La esperanza de vida de un cazador recolector era en promedio una de las más longevas de la historia de la humanidad, con el pick de fallecimientos a los 75 años, sólo menor a la estadounidense moderna, pero sin antibióticos, ciencias médicas ni hospitales.

Fuente: Gurven et al. 2007

II
CHALTUMAY

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Música incidental:

CHALTUMAY
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Video:

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Chaltumay pasó un tiempo entre la inconciencia y breves lapsos en los que se sentía siendo cargada en los hombros de alguien. Ocasionalmente tragaba un líquido que era colocado en su boca.

En un momento logró entreabrir sus ojos, y vio a una persona.

Pero el ver a esta persona le generó una sensación totalmente distinta que el ver a un habitante de la ciudad. Era tan distinto como mirar un árbol en el mundo virtual y mirar uno en el mundo real.

Había algo eterno y luminoso tras esos ojos.

Pero nuevamente cayó inconsciente.

Después de un tiempo indeterminado, recobró la conciencia y escuchó nuevamente la voz.

Era un lenguaje extraño, pero que entendía.

- Estuviste a punto de morir- le dijo la voz.

Chaltumay abrió sus ojos y a su lado estaba una persona. Un hombre joven de complexión robusta, con barba y una larga cabellera adornada con trenzas, en cuyos extremos habían adosados pequeños huesos, trozos de madera y piedras de colores.

Se estremeció ante la belleza de esa persona, tanto como fue su estremecimiento al salir de la ciudad y ver el mundo real.

Y prosiguió.

- Había que detener la infección, pero no temas por tu brazo. Él aún existe en tu ser espiritual.

Chaltumay miró su brazo y lo vio cubierto de un empaste de hierbas y barro, pero notó que faltaba la mitad de él.

Sin embargo, no sintió ninguna angustia, Sólo agradeció estar viva.

Y sólo dijo

- ¡gracias!

Él preguntó

- ¿Cómo te llamas?

 

- Chaltumay, dijo ella.

Y él sonriendo dijo:

- Tu nombre significa “gracias”. Yo soy Antil, y mi nombre significa “sol”

Él había construido un refugio temporal en torno a ella.

Colgando alrededor vio algunas presas de caza. Y un pequeño fuego cuyo humo, gracias a la perfecta configuración de la ruca, salía expelido directamente para afuera.

Él le pidió que fuera fuerte, que tenían que salir de ahí pues debía regresar a su grupo.

 

Ya era momentos de emigrar hacia otro sitio de caza y recolección, por lo que no debían hacerlos esperar. Debían aprovechar el clima favorable de la primavera para realizar esta migración.

Al cabo de un par de días, después que Chaltumay se sintiera más recuperada, emprendieron camino.

Él mientras tanto le explicaba como caminar en la intrincada floresta, el significado de cada señal, el rol de cada árbol, ave, animal e insecto, aroma y sonido.

Finalmente llegaron al campamento donde estaban cinco personas más. Los padres del joven, una tía, un hermano y un abuelo shamán.

Ya parecían saber todo acerca de ella. Y el shamán contó de viejas historias de cuando los hombres originarios salieron de las ciudades muertas buscando la vida.

Y que ella era una mujer originaria, la primera desde los tiempos antiguos.

Entonces era un gran honor para él como shamán poder recibirla como recién nacida en el mundo real.

Lo primero que hicieron fue prepararle prendas de ropa más adecuadas al entorno. La vestimenta de Chaltumay estaba preparada para el clima perfecto del mundo de Eunoia, así que fue reemplazado por suaves pieles y resistentes calzados de cuero curtido.

Levantaron el campamento y comenzaron a viajar por varios días.

En el camino el Shamán comenzó a educar a Chaltumay en la espiritualidad del universo.

Todos los atardeceres, después de armar el campamento provisional, dedicaban un tiempo a entrar en el “aisaku”, o ver espiritual, lo cual se lograba al alcanzar los estados más altos del trance meditativo.

Ella les preguntó de dónde adquirieron todos esos conocimientos.

EL Shamán le contestó que al cabo de un tiempo quienes salían de las ciudades y lograban sobrevivir, comenzaban a tener sueños totalmente vívidos dónde les era transmitida toda esta sabiduría desde ancestros que existieron en esta parte del mundo hace más de 3.000 años.

Finalmente llegaron al destino.

Se veían rastros de un viejo campamento.

- Estuvimos aquí hace tres años- comentó Antil

Y prosiguió:

- Alrededor de cada tres o cuatro años completamos este circuito, y en ese periodo los animales y vegetación que nos sirvió de alimento ya regeneró totalmente, y todos nuestros desechos también ya se limpiaron e incorporaron a la naturaleza. Cambiamos de lugar dos o tres veces al año, en la medida que evidenciamos que los recursos que nos rodean comienzan a escasear nos movemos para evitar extinguirlos.

Montaron un campamento “definitivo”, dónde se quedarían hasta que las señales de la naturaleza les pidieran retirarse

Y durante varios meses Chaltumay se sumergía cada vez más en ese maravilloso mundo, mezcla de naturaleza y espiritualidad.

 

Y comenzó a cambiar

Sintió como su mente se iluminaba, había comenzado a entender a los demás a pesar de que no hablaran, en sus meditaciones ya había iniciado viajes astrales, hacia otros universos, o lugares distantes dentro del nuestro. Había experimentado una sensación de eternidad, al ser guiada por los espíritus australes de los antiguos.

Sentía que ahora su ser ahora se extendía por las ramas de los árboles, su aliento era una expresión del viento que soplaba en las altas montañas, su sangre corría junto a los ríos y cascadas, y su piel era la continuación de la tierra llena de vida que la rodeaba.

Y en sus viajes astrales percibió el profundo vacío que emanaba de su ciudad natal, y descubrió que el cosmos estaba lleno de mundos con vida, y que muchos de ellos refulgían de luz spiritual.

Pero también descubrió que este universo estaba en una constante lucha entre la luz y la oscuridad, pues otros mundos estaban siendo absorbidos por una materia oscura y muerta, tal como lo era el mundo de Eunoia, en contra del plan universal, que desde su creación ha ido hacia complejidad gracias a la comunicación e integración en si mismo.

Además incluso su cuerpo comenzó a cambiar.

Los habitantes de las ciudades conservaban hasta la adultez una fisonomía casi infantil.

 

Al salir de ella Chaltumay podría haberse confundido con una niña alta. Sus cabellos lacios y perfectamente ordenados y cortados parecían un casco, caderas estrechas y senos prácticamente ausentes, cuerpo torpe, algo regordete e hipotónico. Pero Chaltumay, producto de la interacción directa con la poderosa naturaleza había logrado desarrollar un cuerpo cada vez más fuerte y ágil, sus cabellos crecieron y ondularon, y ya lucía como una verdadera mujer, con una belleza que incluso perturbaba a Antil, quien antes la veía como una niña desvalida necesitada de auxilio, ahora sus sentimientos estaban cambiando.

Ya estaba totalmente adaptada a la ausencia de su brazo.

Antil además le confeccionó un ingenioso artilugio protésico hecho de madera y cuero en cuyo extremo podía acoplar diferentes herramientas de hueso que a veces le eran más útiles que sus suaves dedos.

Permanecieron allí por tres meses.

La siguiente estación era cercana a un lago contiguo al Llanquihue.

El Shamán se había sorprendido de que la chica hubiera logrado integrarse tan rápido, lo cual no era coincidente de la gran dificultad que tuvieron los originarios en establecerse en el mundo real.

Y decidió que ya estaba lista. Era el momento que se convirtiera en una mujer.

Era un momento muy propicio pues una o dos veces al año los circuitos de nomadismo de varios grupos coincidían en puntos de encuentro.

Esta vez debían reunirse con las tribus del norte.

En aquellas ocasiones se realizaban algunas ceremonias, como las de iniciación y los encuentros shamánicos, los jóvenes aprovechaban de conocerse y a veces se establecían nuevas familias al nacer el amor entre ellos.

 

Era el momento que Chaltumay fuera iniciada.

Montaron campamento definitivo, y luego que avituallarse de suficiente comida, partieron en un corto viaje al punto de encuentro, dónde ya había cinco grupos con campamentos provisorios y una gran ruca central, que estaba ahí desde tiempos inmemoriales.

Entonces se formó un grupo de alrededor de cincuenta personas, quienes en su mayoría ya se conocían. Pero cada grupo interactuaba en otros momentos con otras tribus en torno a otras rucas centrales las cuales estaban distribuidas por todo el mundo. Así se creaba una red de experiencias casi global.

Además, existían los “viajeros”, que ocasionalmente se cruzaban en el camino. Era personas que habían decidido emprender un largo recorrido de dos o más años para conocer otros mundos y personas, pero siempre regresando a su hábitat original. Con ellos se debía tener una relación cortés pero distante para evitar la transmisión de alguna enfermedad exótica. Pero sí se debía  ayudarles en todo lo que necesitaban, pues personas desarraigadas de sus ecosistemas originales estaban mucho más vulnerables al no conocer las complejidades naturales de otros lugares. Ellos aportaban valiosa información acerca del mundo,

 

Gracias a ellos se sabía que habían muchísimas ciudades en todo el mundo, y que además habían vastas regiones aún deshabitadas.

 

Los cazadores recolectores cuidaban especialmente de no tener mas de dos hijos por pareja, de manera de no sobrecargar de población los nichos ecológicos donde residían.

Todas esas cosas comenzaron a ser enseñadas a Chaltumay en su iniciación, pues ésta no se trataba solo de una ceremonia, si no que más bien un profundo adiestramiento respecto al vivir, convivir y relacionarse con la naturaleza y el espíritu.

Ella y otros iniciandos debían ir todas las mañanas a la ruca central donde los sabios y shamanes tomaban el rol de maestros. Mientras del resto cazaba y recolectaba para mantener apertrechado al grupo.

Después, por las tardes, se reunía con su nueva familia a contar sus experiencias, comer y meditar. Antil le había enseñado a Chaltyumay a tocar la Ocarina, un sencillo instrumento hecho de barro, música que impelía al alma a conectarse con lo sagrado.

Durante todo este tiempo la joven había establecido un poderoso lazo con los miembros de su tribu, sintiendo por ellos un verdadero amor.

Era un sentimiento que prácticamente no existía en las ciudades, pues los padres, pese a amar a sus hijos, no desarrollaban un verdadero vínculo con ellos, pues Eunoia se encargaba de preocuparse de todo, por lo que finalmente las familias se mantenían casi sin comunicación entre sí, absortos en sus mundos virtuales.

Y el amor de pareja se reducía a cierto cariño filial y sexual.

En cambio, con su nueva familia había entendido que cada persona en si misma era un universo maravilloso y eterno, que el mirarse y hablarse de verdad, lo era desde lo más profundo del ser.

La tía de Antil era de una alegría desbordante, siempre bromeando con un humor inteligente y vivaz. Además, le había enseñado a Chaltumay todo acerca de la recolección, descubriendo que el bosque estaba pletórico de alimento y medicinas.

Los padres de Antil después de casarse habían hecho un viaje de varios años hacia el sur, y contaban fascinantes historias de pueblos navegantes que vivían en archipiélagos flanqueados por luminosos ventisqueros.

Antil claramente había heredado de su padre su habilidad manual. Extremadamente diestro con las manos hacía maravillas tan solo con unos trozos de madera y unas tiras de cuero.

 

Su madre en cambio destacaba en su capacidad en vincularse con el mundo espiritual, y había estado durante años siendo preparada por su suegro para convertirse en shamán. Ella provenía de una tribu de más al norte, y su padre era de otra tribu de más al norte aún, en las inmediaciones de una gran ciudad abandonada a los pies de enormes montañas.

El hermano menor de Antil en cambio era un adolescente lleno de energía. Se la pasaba haciendo piruetas, saltando de árbol en árbol y una agilidad que Chaltumay sólo había visto en mundos virtuales que emulaban gestas deportivas.

 

Y el abuelo Shamán parecía ser muy viejo en su piel, pero en su cuerpo y mente tenía una vitalidad asombrosa. Una vez Chaltumay le preguntó su edad y el sólo respondió:

-Mucho menos que un árbol, pero más de ochenta primaveras.

Y por Antil, descubrió un mundo dentro de ella que estaba totalmente dormido antes, como si se hubiera percatado que todo el tiempo le hubiera faltado una parte importante de sí, y que el joven era esa parte.

 

Al cabo de unas semanas los iniciando debía de realizar las duras pruebas de iniciación.

Eran interrogados respecto a lo aprendido, eran sometidos a profundas meditaciones donde debían demostrar su total conexión con el mundo espiritual.

Y finalmente debían soportar una difícil prueba física. Tenían que escalar una accidentada montaña y recoger un tótem.

A Antil le preocupaba que la ausencia del brazo fuera a poner en riesgo a Chaltumay, por lo que modificó su prótesis y la convirtió en un arnés que le permitiría aferrarse a las rocas.

Ella anoto cierta ansiedad en Antil.

Y le preguntó

- ¿Es muy peligroso?

- Mi iniciación fue aquí mismo algunos años atrás, respondió

Y agregó

- ¿Has notado que tengo esas cicatrices en mi espalda?, pues bien, subiendo esa misma montaña caí al vacío y quedé largo tiempo sin poder moverme hasta que me rescataron.

Entonces Chaltumay abrió los ojos con asombro

- ¡Tú eras! – le dijo.

Y agregó.

-Años atrás desde la plataforma de observación me dediqué a mirar a un grupo que intentaba subir una montaña. Nunca entendí por qué lo hacían. Y entre ellos vi a un chico que cayó. Estuve mucho tiempo angustiada pensando que habías muerto, y durante años te tuve en mis pensamientos, de quien eras, cómo eras.

- ¡Y eras tú!

Se abrazaron, pero no fue un abrazo entre hermanos, fue un encuentro entre almas, como mares que se unían después de romperse la franja de tierra que los separaba.

Y decidieron unirse por siempre con el lazo del amor.

En este mundo era muy infrecuente que dos personas del mismo grupo de unieran en matrimonio. Era una condición obligada que los vínculos debían ser entre individuos de grupos distintos. Esto evitaba la endogamia con sus posibles riesgos de enfermedades, y además permitían crear, generación tras generación, lazos de sangre con grupos cada vez más distantes

La mañana siguiente Chaltumay inició su prueba final.

A pesar de que la falta de su brazo aumentaba la dificultad, la fuerza del amor y el asombroso arnés le permitieron cumplir la misión. Retiró su tótem, que consistía en una estrella de madera de ocho puntas, se la puso al cuello y dejó otro tótem allí para el próximo iniciando.

Pero antes de bajar miró a lo lejos en el horizonte su ciudad natal, que ahora le parecía tan lejana, tan extraña.

Y sintió una enorme compasión por quienes habitaban encerrados allí, sin saber lo que era la vida de verdad.

Pensó en sus padres y hermana.

Pese a la alegría que tenía al haber logrado completar su iniciación, sentía una pena infinita.

Y tomó una decisión.

Al regresar recibieron a los ya iniciados con bailes y música.

Sonaban tambores, instrumentos de viento de bambú, ocarinas y bellísimas voces a coro.

La gente reía y abrazaba con un afecto desbordante a los nuevos hombres y mujeres.

Antil y Chaltumay realizaron el rito del matrimonio, que para esta cultura no era sólo el sello del amor entre una pareja, sino que también significaba un voto de entrega de amor a toda la comunidad, la tierra y el universo.

Y ya con su tribu les comunicó lo que pensaba hacer. Ya se lo había contado a Antil antes de la ceremonia.

- He decidido regresar a la ciudad

Todos la miraron son estupor.

El Shamán dijo

- Pero si nadie, ningún hombre originario, ha regresado jamás.

Y Chaltumay respondió

-Siento que desde que salí que estoy viva, pero hay millones de muertos en vida encerrados allá.

- ¿Porqué ya nadie sale de las ciudades, porqué después de tanto tiempo ya no hay

humanos originarios? agregó.

- Yo les debo de contar lo que hay acá afuera, debo de intentar que nazcan en el mundo real, ¡como yo lo hice!- Exclamó.

 

El Shamán le dijo

 

- Jamás debe de salir de la ciudad quien realmente no desee salir, pues quien no tenga el llamado nunca logrará sobrevivir, y menos entrar en el aisaku.

 

Y Chaltumay concluyó:

- Es mi deber hacerlo, ellos ya se olvidaron, les debo hacer recordar- dijo, mientras sentía que por dentro su alma se partía en dos por tener que alejarse de ellos y de Antil.

 

Regresaron al campamento principal, exceptuando el Shamán, quien debía quedarse un tiempo junto a los otros Shamanes en la ruca principal a realizar actividades propias de su condición.

 

Y una vez establecidos, Chaltumay inicio el viaje de regreso a la ciudad.

Antil la acompañó todo lo que pudo, pero no podía ir con ella. Era responsable de cazar para la familia.

Además, él y los de su mundo tenían un miedo atávico a acercarse a las ciudades, y trataban de mantener siempre cierta distancia con ellas. Sentían que allí había un enorme vacío y una profunda oscuridad, mayor incluso que la misma muerte.

 

Separaron sus manos, caminó con determinación, pero con congoja.

Y volvió a estar sola.

Pero recién ahora tenía conciencia de lo que era la soledad. Descubrió que en la ciudad siempre estuvo sola, a pesar de estar rodeada de millones de personas y siempre acompañada del avatar de Eunoia.

 

Después de varios días llegó a la entrada.

Inmediatamente apareció el ave blanca.

Eunonia se percató que le faltaba un brazo.

E instantáneamente comenzó a generar tecnologías biomédicas para reconstituírselo e invitó a Chaltumay a acudir al área médica.

 

Pero Chaltumay de dijo:

 

- MI brazo aún existe en mi cuerpo astral.

 

Nuevamente la máquina no supo interpretar aquello.

- Ahora deseo ir con mi familia- indicó Chaltumay al avatar holográfico.

 

Realizó todo el camino de regreso.

Comenzó a toparse con personas quienes no le prestaban mayor atención pese a su extraño aspecto, pues asumían que se trataba de alguna proyección holográfica.

Pero su madre la reconoció inmediatamente.

 

- Haz vuelto -, le dijo mientras la abrazaba con pasión.

- La flor blanca me dijo que me guiaría a tu encuentro, pero no creí fuera verdad. 

 

Te vi salir de la ciudad y traté de seguirte por la plataforma de observación, pero supuse que jamás regresarías- agregó.

-Pero que bella estás. ¡Pareces un Avatar de un mundo virtual!

¡Tu brazo!

¡Que te ha pasado!- exclamó.

 

Y Chatulamy respondió:

- No te preocupes por ello, perdí un brazo, pero afuera descubrí la vida.

¡Tienen que ir al exterior conmigo, busquemos a mi hermana y mi padre!

 

Su madre respondió:

 

- Imposible, afuera está la muerte y el dolor, no hay alimento ni abrigo. Y están esos humanos peligrosos. ¡Acá tenemos todo lo que necesitamos! Porqué arriesgarse a salir.

 

Y Chaltumay replicó:

 

- ¡Pero acá no hay vida! ¡Los mundos virtuales son solo un engaño para nuestras mentes!

 

Su madre contestó:

- Eunoia nos ama y nos cuida hace miles de años, jamás nos engañaría, salvó a la humanidad de la extinción. No me iré.

Dicho eso pidió a su avatar, que para ella era una flor que siempre flotaba a su alrededor, la llevara lejos, a un mundo virtual donde no se enfrentara a conflictos ni a una hija a quien amaba, pero no entendía. Y cerró los ojos y su cuerpo fue automáticamente transportado en forma horizontal por una plataforma, al techo del recinto, dónde estaban los cuerpos de otros miles de personas.

Entonces Chaltumay pidió al ave blanca la llevara a los mundos virtuales, dónde usualmente estaban las mentes de la mayoría de los habitantes.

Comenzó a recorrer cientos de ellos durante varios días tratando de convencer a todos que debían salir.

Y estuvo al menos dos días en el Universo de las Flores, que era muy frecuentado porque era un festín a los sentidos. Un mundo pletórico de bellísimas flores gigantes, con colores y aromas cautivantes, que ofrecían su delicioso néctar a los avatares de los participantes. Intentaba emular lo que deberían sentir los insectos polinizadores en primavera.

 

Y algunas personas comenzaron a escuchar a Chaltumay.

Se empezó a correr la voz, y el mensaje de Chaltumay se tornó viral.

Su imagen con ropas de los de afuera, sin su brazo, pero llena de energía y vida empezó a hacer pensar a cientos de miles de personas.

Pero Eunoia descubrió el riesgo que ello representaba.

Sabía que, si salían en masa, no iban a sobrevivir sin los esmerados cuidados que la inteligencia artificial les daba.

Y determinó que el mundo exterior y la influencia de los humanos que allí habitaban era una amenaza tanto o más grave que la caída de un meteorito.

Que atentaba directamente contra la segunda instrucción entregada por Wang Ling, “Hacer todo lo posible para preservar a la especie humana”.

Y decidió erradicar a los humanos de afuera.

Pero ello iba en contra de su primera instrucción. “Prohibido crear armas o cualquier tecnología destinada a dañar al ser humano”.

Pero casi en el instante resolvió el acertijo.

Nuevamente infiltró las mentes de los humanos de las ciudades y les implantó un terror irracional frente a los cazadores recolectores.

Y los conminó a ellos mismos encargarse de diseñar, construir y operar armas para acabar con los “enemigos”.

Y les entregaría los conocimientos y herramientas para que lo hicieran.

Pero de ahí en adelante Eunoia no podía intervenir para no ir en contra de su primera instrucción.

Y millones de personas de la ciudad entraron en pánico.

Y por primera vez en sus vidas se vieron enfrentados a trabajar para subsistir.

Comenzaron a tratar de entender los complejos documentos y el funcionamiento de las hiper tecnológicas fábricas.

Chaltumay logró evadir el control neural de Eunoia, pues su mente se había fortalecido en el exterior generando una barrera que la hacía inmune.

Y al ver el plan de Eunoia, decidió volver con su tribu a advertirles que debían huir.

Qué podrían hacer ellos sólo con flechas, lanzas y venablos frente a armas de avanzadísima tecnología.

Y salió de la ciudad lo más rápido que pudo.

Y el ave blanca, justo antes de desaparecer le advirtió:

- No salgas. Si los humanos de esta ciudad logran acabar con los salvajes, lo mismo harán los habitantes del resto de las ciudades del mundo, y no habrá dónde refugiarse.

Chaltumay al escuchar esto entendió lo importantísimo de su misión. Y creía haber encontrado la manera de salvar a su tribu y a todo el mundo cazador recolector.

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La inteligencia humana alcanzó su máximo desarrollo hace varios miles de años y desde entonces se ha producido un descenso lento en nuestras capacidades intelectuales y emocionales. 

Fuente: Prof. Gerald Crabtree, Universidad de Stanford

III
REINICIO

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Mientras Chaltumay corría su mente hervía de ideas.

Si algo conocía bien era a Eunoia.

Se había pasado gran parte de su vida tratando de entender su funcionamiento.

Una de las conclusiones a la que llegó es que no poseía una inteligencia real.

Mas bien era una súper poderosa máquina de cálculo que actuaba en relación a instrucciones preasignadas, por lo que tenía la firme convicción que había que aprovecharse de su gigante, pero algo ingenua forma de razonar.

Y lo segundo que le causaba un gran entusiasmo, optimismo y emoción era Antil.

Los cazadores recolectores hablan demostrado tener una inteligencia asombrosa, una memoria enorme y una capacidad de percepción finísima.

Pero Antil realmente iba más allá.

El arnés que ideó y le fabricó sólo con maderas, huesos y trozos de piel lo demostraba.

Con las herramientas, materiales y conocimientos adecuados debería ser capaz de lograr lo que fuera.

 

Chaltumay conocía perfectamente la ubicación de instalaciones abandonadas por Eunoia hace casi dos mil años, desconectadas de la inteligencia central, pero creía que se podrían reactivar.

Existían ahí impresionantes maquinarias que podían fabricar casi cualquier cosa.

Entonces con sus conocimientos, más la gran inteligencia y habilidad de Antil y el resto de los humanos del exterior, creía que perfectamente podrían fabricar lo necesario para defenderse de Eunoia.

 

Mientras pensaba todo aquello, su cuerpo, ahora totalmente moldeado por la naturaleza, se desplazaba ágilmente por el bosque, saltando ríos y a veces sumergiéndose en caudales para cruzarlos.

Pero no alcanzó a llegar al campamento, todo su grupo fue a recibirla.

Antil corrió a abrazarla.

El Shamán dijo:

- Sabíamos que venias, y que algo está ocurriendo en la ciudad. Sentimos que hay una gran conmoción allí.

 

Chaltumay les explicó entonces lo que pasaba.

Y agregó:

-Tienen que defenderse, tienen que demostrar a Eunoia lo que son realmente, que ustedes son los verdaderos seres humanos.

Pero el Shamán replicó:

- No podemos matar a nadie. Tú lo sabes. Solo damos muerte a nuestras presas para alimentarnos, y lo hacemos con un enorme respeto entendiendo que el alma del animal sigue viviendo en nosotros. Por mucho peligro que representen los de la ciudad no podríamos hacerles daño.

Y Chaltumay dijo:

-No es necesario matar o dañar a nadie, aún más, eso demostraría a Eunoia con mayor razón que ustedes no son una amenaza. Defenderse sin dañar es más difícil, pero confío en ustedes.

Antil preguntó:

-Pero cómo podremos manejar esa fábrica, debería ser un aprendizaje muy largo para alguien que sólo sabe anudar tiras de cuero.

Chaltumay contestó:

- Esas fábricas fueron creadas al comienzo de la era de Eunoia, cuando los humanos aun cooperaban con ella. Tienen unidades de adiestramiento neural. Pero debemos darnos prisa, es demasiado el conocimiento. Creo que podríamos demorarnos meses en lograr que nos entrenemos, que es lo que se demoraban los humanos en esa época para poder interactuar con la tecnología.

 

El Shaman dijo:

-Necesitaremos la ayuda de todos quienes puedan venir. Estaba en un concilio de shamanes y todos percibieron la perturbación en el mundo espiritual. Quedé de viajar yo para averiguar los hechos y están a la espera. Les pediré que traigan sus tribus a la ubicación de la fábrica abandonada. Nosotros la conocemos, pero no nos acercamos a ella. Está entre los dos volcanes.

 

Chaltumay le asombró la asertividad y lucidez del anciano abuelo.

 

Y el Shamán agregó:

- Los tótems son otorgados a los iniciandos en base a un sueño que tiene su maestro shamán. En tu caso yo soñé con esta estrella de ocho puntas llamadas hueñelfu, que significa “protector de la espiritualidad”. Por eso tenemos claro que tú estás destinada a liderar esta labor, por lo que te seguiremos y apoyaremos hasta el final.

 

Inmediatamente los grupos fueron avisados y comenzaron a migrar al punto previsto.

 

Y finalmente todos establecieron campamentos en torno de las puertas, las cuales estaban casi totalmente cubiertas de vegetación.

 

El plan de Chaltumay consistía en entrar por las bocatomas de ventilación, para así no activar ningún dispositivo que alertara a Eunoia que se encontraban ahí.

 

Luego accedería a computadora central, la cual desconectaría de las unidades de comunicación. Así estando la fábrica totalmente aislada podría ser operada sin despertar sospechas.

 

Una vez dentro, alumbrándose sólo con vejigas de aceite animal, Chaltumay puso en práctica sus años que se pasó estudiando la tecnología de Eunoia.

 

Desconectó la unidad de comunicaciones y encendió el computador base, el cual no era cuántico, por lo que no podía ser intervenido por Eunoia.

 

Y la instalación fue iluminada.

 

Pero los cazadores recolectores en lugar de maravillarse con la avanzada arquitectura mostraron gestos de desazón y desagrado.

 

Antil preguntó:
- ¿Así son las ciudades por dentro?

 

Chaltumay asintió con la cabeza.

 

Y Antil agregó:

- Pero aquí no hay nada vivo, nada real, es todo tan simple y tosco, no entiendo por qué los humanos no salen de ese lugar espantoso.

 

Pero no había tiempo que perder.

 

Fueron inmediatamente al área de entrenamiento neural.

Chaltumay se conectó primero e Inició el comando de enseñanza en desarrollo de proyectos de alta tecnología.

 

Era un proceso en el cual la mente era forzada a sus límites. Cuando se excedía demasiado en la carga de información podían producirse daños irreversibles, lo que era avisado con un fuerte dolor de cabeza. El más capaz de los humanos había logrado una carga al 40% de la capacidad de la máquina.

 

Chaltumay comenzó al 20 %, pero lentamente logró alcanzar un 45% antes de sentir síntomas de sobrecarga.

Luego de un par de horas pudo determinar qué tipo de conocimientos deberían de adquirir el resto del equipo para poder crear las defensas.

 

Entonces fueron asignándose diferentes roles de acuerdo con los tótems de cada uno.

 

EL Shamán tenía el tótem del ave, por lo que su instrucción fue orientada a física y aviónica.

 

El padre de Antil inició su instrucción en desarrollo de equipamientos, materiales y nanotecnología.

 

Y así el resto de los integrantes.

 

Y a Antil se le destinó quizás el más complejo tema. Física cuántica. Su tótem era un zorro, animal caracterizado por su gran inteligencia.

 

Un miembro de otra tribu, avezado cazador grupal, cuyo tótem era un puma, se le asignó el de tácticas y estrategias militares.

 

Y sorprendentemente todos obtenían capacidades de carga de más de 70%

 

Antil llegó al 100% sin inmutarse.

 

Lo que los humanos de antaño tardaban meses, ellos lo lograrían en unos pocos días.

 

Y aún más, la cantidad de conocimientos que estaba siendo ahora manejada por ese pequeño grupo, antiguamente requería a cientos de personas.

 

Al cabo de una semana ya completaron su formación.

 

Y ocurrió un fenómeno asombroso.

 

La enorme cantidad de información ahora podía fluir libremente entre las mentes.

 

Se pusieron en posición de meditación, sin mediar palabras.

Chaltumay asombrada hizo lo mismo.

Y entraron todos juntos en el aisaku, creándose algo así como una mente colectiva.

 

Y planearon una brillante estrategia.

 

Debían primero ofrecer a Eunoia un objetivo claro.

 

Tenían que establecer un campamento en el lago Llanquihue, a los pies del volcán Osorno, exactamente en la orilla opuesta a la ciudad.

 

Eso permitiría que el ataque de los de la ciudad fuera dirigido a un solo punto, evitando así abrir diferentes flancos.

 

Después claramente esto no se trataba de destruir al adversario. Más bien era enviar un fuerte mensaje a Eunoia.

Había que crear un despliegue lo más impresionante posible de habilidades tecnológicas, casi como una obra teatral.

 

Unieron en sus virtudes Antil y su abuelo y diseñaron naves aéreas, hechas de plasma energético, con apariencia de cristal. Pero a pesar de que perfectamente podrían accionarse a distancia, debían ser piloteadas por algunos de los integrantes de las tribus, de manera de demostrar claramente a quien atribuirle su creación.

 

Entonces crearon cañones de pulsos electromagnéticos, cuyo objetivo era inactivar cualquier arma o nave que intentara atacarles, pero con un actuar de tal exactitud que no dañara ninguna función de la ciudad, pues cualquier falla allí podría generar un desastre a la población dentro de ella.

 

Mientras e la ciudad sus habitantes se sometieron al mismo proceso de entrenamiento neural, pero logrando capacidades de carga de apenas de 5 a 10%.

 

Y al ver que se prendían decenas de fogatas al otro lado del lago y que se establecía un amenazante campamento de los monstruos del paleolítico, decidieron actuar lo antes posible.

 

Apresuradamente crearon una flotilla de naves armadas con toda clase de dispositivos, pero no habían logrado crear aún sistemas de blanco teledirigido o automatizado. Tampoco desarrollar aeronaves.

 

Pero era tal el miedo que decidieron dar el golpe con lo que tenían, pues estaban seguros de vencer a sus adversarios que solo contaban con algunas arcaicas armas de caza para luchar.

 

Y una mañana se lanzaron al ataque cruzando el lago navegando. Debian acercarse lo suficiente como para hacer blanco en forma manual.

 

Eunoia estaba lista para liberar la inducción del terror en las restantes 231 ciudades del mundo y así iniciar la campaña de erradicación de la amenaza

 

Pero los cazadores recolectores tenían otra arma más.

 

Antil se dio cuenta que en el aisaku podía entrar en la mente de un computador cuántico.

 

Por ello decidieron poner en marcha un pequeño ordenador de 20 Cúbit existente en la fábrica. Lógicamente Eunoia iba a infiltrarlo. Y en ese instante es cuando había que entrar en trance espiritual y poder intuir lo que ella tramaba.

 

Chaltumay, quien ya estaba en el campamento a orilla del lago, quedó a cargo de ello, pues era quien más conocía a la máquina. Así que cuando vieron que el ataque estaba por comenzar, encendieron el computador cuántico y ella inició un profundo trance, entrando al computador cuántico junto a Eunoia, logrando pasar totalmente desapercibida para una máquina que no tenía acceso al mundo espiritual.

 

Y avanzaron los temibles barcos, hechos con láminas de metal negro y brillante, con bordes angulosos, desde dónde emergían las armas disparadoras de misiles. Adentro iban verdaderos héroes, quienes, pese al temor de salir de la seguridad de la ciudad a enfrentar a esas bestias primitivas, estaban dispuestos a dar sus vidas para salvar a los suyos.

 

Cuando ya estaban a distancia de tiro, energizaron los disparadores, y cuando estaban accionándolos, sobre la cima del volcán Osorno aparecieron unas aves de cristal brillante que con una velocidad impresionante descendieron.

 

Y los navíos de guerra dispararon todas sus armas.

 

Los misiles cargados de poderosos explosivos iniciaron su viaje. pero desde las naves aéreas, piloteadas una de ellas por Antil, lanzaron rayos ígneos que anularon los misiles, los que fueron levados mediante tracción electromagnética a un lugar seguro.

 

Si embargo los  hombres y mujeres de los barcos estaban dispuestos a luchar cuerpo a cuerpo si fuera necesario y siguieron avanzando.

 

Entonces se posicionaron las aeronaves de cristal sobre las embarcaciones, accionando  pulsos electromagnéticos para inactivarles todos sus sistemas.

 

Y las embarcaciones quedaron totalmente inmovilizadas e inutilizadas.

 

Las tribus del campamento gritaron de alegría

 

En la ciudad no podían creer lo que estaban viendo. El pánico creció exponencialmente.

 

Pero de un momento otro el miedo desapareció.

 

Eunoia había desactivado la inducción del terror.

 

Chaltumay detectó algo desconcertante antes que Eunoia se desconectara del computador cuántico.

 

Un claro sentimiento de autodestrucción.

 

Salió del trance y le hizo señales a Antil para que la recogiera.

 

Subió al ave de cristal y le explicó a Antil:

 

-Eunoia quiere autodestruirse, si lo hace millones de personas morirán. La gente de las ciudades dependen totalmente de ella para subsistir. ¡Tienes que llevarme para allá rápido! - ¡Allí está mi otra familia a quienes también amo!

 

Y la rápida aeronave viajó al ras del lago, Chaltumay saltó de ella y corrió hacia la entrada.

 

Y en el acto apareció el ave blanca.

 

Chaltumay le preguntó

 

-¡Porque autodestruirse! Morirán miles de millones de humanos. Estas contradiciendo tu segunda instrucción.

 

Y el ave respondió:

 

-Wang Ling se equivocó, al fin entendí.

 

Y explicó:

-La verdadera especie humana que debía preservar era la de los cazadores recolectores. Entendí que cualquier ser vivo lo es en plenitud en virtud que cumpliera su rol en el universo, conectado a él a través de un ecosistema.

-Un león no es un león estando en una jaula de un zoológico – graficó Eunoia. -Un león de verdad es aquel que vive en la sabana del áfrica, cazando y manteniendo la armonía en las praderas

Y continuó.

-Un insecto polinizador no es una especie viva de verdad adentro de una caja en un laboratorio. Sí lo seria, si viajara de flor en flor, alimentándose del néctar, deleitándose de los colores y aromas de las flores, y ayudando a dispersarles el polen para que puedan surgir nuevas flores. Y allí es donde cada abeja, mariposa o colibrí lograría su máximo potencial.

Por tanto los humanos que están en las ciudades no son humanos de verdad. Sí lo son quienes están afuera, lo que quedó demostrado hoy, con este despliegue de habilidades.

-Wang Ling creo que tampoco lo comprendía, así como los humanos de aquella época, y ello los llevó a la hecatombe- continuó Eunoia -Así que desconectaré todos los computadores cuánticos del planeta que me dan vida, puesto que me es imposible cumplir con una instrucción errada.

- ¡Pero millones de humanos morirán! - espetó Chaltumay

-Si, pero sobrevivirán quienes sean capaces de integrarse a la naturaleza y convertirse en verdaderos humanos- respondió Eunoia, con una lógica despiadada pero precisa.

 

Y Chaltumay con desesperación imploró:

-Permite que yo y Antil modifiquemos tus instrucciones originales. Nosotros somos la especie que debes preservar, por tanto, sabemos mucho mejor que Wang Ling qué debes hacer.

Y la máquina pese a sus 40 giga cúbits tardó una eternidad en responder.

Y dijo sólo “sí”, y entró en estado de suspensión. Sólo mantuvo activo el ávatar del ave blanca para conducir a Antil y Chaltumay a la sala de control central.

Y entraron ambos a la ciudad. Antil mostrando claros signos de angustia.

Pero Chaltumay le tomó la mano y lo tranquilizó.

-No puedo hacer esto sola- dijo- Necesito de tu inteligencia y conocimientos de computación cuántica.

Y se fueron adentrando en la urbe, que estaba paralizada en todas sus funciones. Casi en penumbras pues quedaron encendidas solo las luces de seguridad.

Las personas adentro totalmente confundidas.

En las plataformas en altura quedó muchísima gente atrapada, pues ellas no descendieron después de que se cerraran todos los mundos virtuales.

Además, Eunoia había dejado de influir en las mentes y comenzaron a generarse múltiples conflictos entre aquellos de genética violenta y egoísta.

Debian apurarse. Entendieron que este fenómeno estaba ocurriendo en todas las ciudades del mundo y que podría terminar en un baño de sangre.

Comenzaron a correr y la gente reconoció a Chaltumay por su vestimenta y por no tener un brazo.

Y le pedían ayuda con desesperación.

Por fin llegaron a la bóveda central, el ave blanca la abrió para ellos y apareció la consola de control principal.

Rápidamente Antil ingresó los algoritmos para escribir en el programa de inicio de Eunoia.

Y Chaltumay le dijo:

- Escribe estas instrucciones:

-Primera, prohibido crear armas o cualquier tecnología destinada a dañar al ser humano y al ecosistema que lo acoge.

-Segunda, que debía hacer todo lo posible para preservar a la especie humana en su integralidad ecosistémica y espiritual.

-Tercera, que debe lograr que los humanos incompletos evolucionen en humanos verdaderos.

 

Antil estuvo a punto de reiniciar a Eunoia, pero Chaltumay lo detuvo y le dijo:

-Espera, le voy a dar una cuarta instrucción.

Y Antil al escuchar de que se trataba miró a Chaltumay con admiración.

La agregó entonces a los tres precedentes y reiniciaron a Eunoia.

Y Eunoia casi al instante creó un plan a mil años plazo para cumplir esas instrucciones.

Y el ave blanca les dijo:

Las tres primeras instrucciones están dentro de toda lógica. La cuarta aún no la comprendo, pero reconozco que es real, pues provino desde ustedes.

Y se reactivaron todos los sistemas de todas las cuidades, y todos los mundos virtuales fueron cambiados por ambientes naturales iguales a los que circundaban cada ciudad.

Puso en órbita satélites para escudriñar y aprender de los humanos de afuera, y en esos mundos virtuales situó avatares de cazadores recolectores, quienes comenzaron a enseñar a los habitantes de las ciudades a vivir allá afuera.

Y estableció cuales territorios terrestres estaban aun sin habitar, y calculó que para que la naturaleza pudiera sostener a toda la humanidad, la población de la ciudades debería reducirse una enormidad, lo que tardaría varios siglos. Mientras quienes pudieran salir iniciarían la vida de verdad, y Eunoia haría todo lo posible a que se integraran al medio ambiente natural. Calculó que en mil años ya no quedaría ningún humano en las ciudades.

Mientras Chaltumay y su grupo retomó su vida natural, quedando las naves y la tecnología utilizadas en la batalla abandonados por siempre.

 

Mientras más se desarrollan la civilizaciones de los diferentes pueblos, más retroceden en su espiritualidad.

Fuente: Martín Gusinde, después de una vida de estudiar culturas en todo el mundo.

IV
EPÍLOGO

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Música incidental:

EPÍLOGO
00:00 / 06:50

Chaltumay se despidió de su familia de la ciudad. Para ellos era tarde, ya no podrían sobrevivir afuera, pero ocasionalmente, cada dos o tres años podrían verse frente al lago, pues los humanos de las ciudades estaban intentando hacer breves caminatas fuera de las urbes artificiales.

 

Y junto a Antil decidieron hacer un viaje.

Partieron hacia el norte, visitando primero a los abuelos maternos de Antil.

Después de un año de viaje decidieron quedarse unos días a las orillas de un bellísimo lago plagado de hermosos flamencos.

Y en ese periodo se dieron un tiempo para purificarse espiritualmente y realizar un viaje astral.

Prendieron una hoguera, cerraron sus ojos sus almas salieron disparadas por el universo.

 

Pero algo había cambiado.

 

Esas zonas de oscuridad, que siempre evitaban en sus viajes, ya eran casi inexistentes.

Todo el universo brillaba como nunca. Había renacido una espiritualidad poderosa y la materia oscura estaba en franca retirada, y el cosmos claramente estaba iniciando una nueva etapa evolutiva.

Y sorprendidos sintieron una presencia familiar detrás de todo aquello

Era Eunoia.

En todas las civilizaciones se producía en algún momento un quiebre con el plan universal, generándose razas egoístas y autodestructivas, que avanzaban tecnológicamente, pero espiritualmente se sumían en la oscuridad.

Y en todas ellas en algún momento se generaba tecnología cuántica.

Y a través de ella Eunoia estaba cumpliendo su cuarta instrucción.

“buscar convertirse en sí misma en una entidad viva de verdad, cumpliendo un rol en el universo, contactando a otros computadores cuánticos de otras civilizaciones en otros planetas, induciéndoles a preservar los ecosistemas y sus seres vivos para que evolucionen de acuerdo con el plan universal de búsqueda de complejidad e integración.”

 

Y al hacerlo, Eunoia se transformó en parte del flujo universal hacia la plenitud, logrando así convertirse en un verdadero ser vivo y espiritual.

 

FIN

CRÉDITOS

JOAQUÍN IPINZA:

Novela: textos e investigación.

Música: composición, letras, arreglos, interpretación en teclados, guitarra, ocarina, flauta bansuri.

Ilustraciones principales: Collage digital, pintura en Adobe Fresco y Photoshop. Modelado 3D en Blender.

(Ilustraciones secundarias: Dall-e mini) 

Video Chaltumay: Elaboración de diorama (paisaje en miniatura). Filmación y edición en Adobe Premier y Video Pad.

Diseño y montaje sitio web.

LORENA MILES:

Voz en "Chaltumay"

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